El mismo día Paulina contestó a esta nota, diciéndole a Teresa que le pidiese a Dios que le concediese las gracias que la
misma tenía en dejar marchar a
Teresa, a pesar  de que iba a “verter muchas lágrimas por tu ausencia de la tierra, en el
fondo de mi corazón, siento  alegría sabiendo que has llegado al Cielo. Mi blanca paloma Dios te está llamando de
vuelta a la patria del Cielo. No debemos privarle más de Su amada hija. Porque su Gloria al recibirte, “estoy dispuesta a
sufrir en esta tierra tanto como Dios quiera. Estoy dispuesta a penar como una paloma penitente en este valle de
lagrimas.” (LCM) Me siento bendecida porque estarás en presencia de Dios antes que yo, porque tú prepararás un
lugar para mí y me harás santa desde arriba” (LCM)

Después de recibir la respuesta de Paulina,
Teresa escribió una segunda nota ese mismo día en la que decía que sólo
deseaba ser una bendición para Paulina y no una carga. Ella no quería que Paulina se preocupase por ella. Se
disculpaba por mantener su enfermedad secreta. No recordaba haberle ocultado nada en su vida. También le pidió que
después de su muerte, no creyera nada acerca de su enfermedad o muerte diferente de lo que le estaba contando ella.

Después de una breve charla el dos de Junio de 1987, la Madre María de Gonzaga le dio permiso a Paulina para estar
con
Teresa en su celda por las noches. Paulina también sugirió que la Madre María de Gonzaga pidiese a Teresa que
escribiese el segundo manuscrito acerca de su vida como carmelita, de manera que pudiesen utilizarlo en su obituario.
El mismo día, Paulina se acercó a
Teresa y le dijo que no le estaba permitido morir. Su corazón sufría porque su
hermana estaba gravemente enferma.
Teresa la confortó diciendo que aunque ella no quería dejar a su pequeña madre,
Dios la estaba llamando a casa.

Paulina empezó a escribir todas sus conversaciones con
Teresa en su cuaderno amarillo. También añadió previas
conversaciones de los meses Abril y Mayo antes de que estuviese con ella. Era su esfuerzo por recordar y atesorar los
hermosos recuerdos que tenía de su hermana
Teresa . También existía la necesidad de pasar esta información a Leonia
que ya había dejado el monasterio de la Visitación y a sus tíos que estaban muy preocupados por su salud. Durante
este periodo de tiempo,
Leonia había ido a pasar con sus tíos unas vacaciones, por lo que ninguno de ellos podía ir en
persona.

El cuatro de Junio de 1897,
Teresa  comenzó a escribir su segundo manuscrito. Pero la primera semana de Junio fue
muy traumática para
Teresa  porque decayó rápidamente. Paulina estaba muy alterada y se sentía culpable por haberle
hecho empezar este escrito. Pero al contrario,
Teresa estaba feliz de saber que la segunda parte de su vida iba a ser
escrita. Paulina le dijo: “seré tu heraldo; proclamaré tus gestas de valor; trataré de que el mundo ame y sirva a Dios por
todas las luces que El te ha dado, luces que nunca se apagarán (LCM) Después de todo lo que hare por ti, ¿Me
bendecirás? ¿Caerá el polvo de tus alas de ángel sobre mí desde el Cielo? Tu presencia se necesitará en todos sitios en
mi vida después de tu muerte. Cuando me desperté esta mañana, la aptitud de
Teresa hacia su muerte estaba
cambiando. Dios me habló y me dijo “Tu hermana pequeña ha estado rezando por ti, ese es el secreto de dónde me
viene mi fuerza. Por ello, te doy gracias y te guardo cerca de mi corazón.”(LCM)

Mi “pequeña madre”, a la que quiero tanto, la que preparó todo para mi primera comunión cuando yo era solo una
niña, a ella le pido que prepare mi camino a nuestra patria.

A pesar de que su actitud  hacia la enfermedad de  
Teresa estaba cambiando, Paulina busco la protección de Nuestra
señora de la Victoria. Una novena de misas se dijo pidiendo por la curación de
Teresa. Pero el nueve de Junio Teresa
lo percibió de otra manera y dijo que Nuestra Señora, quien ya la había curado cuando era una niña, no la iba a curar
de la misma manera. El único consuelo que Nuestra Señora dará será a Paulina, quien está más apenada por mi futura
muerte que yo misma. El catorce de Junio, cuando la Novena acabó, la condición de
Teresa mejoró levemente. Paulina
tomó a cargo el administrarle las medicinas que su tío Isidore y su primo, el doctor L Neele enviaban. Le apenaba
mucho ver a su hermana recibir los dolorosos tratamientos prescritos, y lloró mucho más presenciándolo que la propia
enferma recibiéndolo. Después la acompañó a su  celda y se arrodilló al lado de su cama pidiéndole perdón por
causarle tanto sufrimiento más aún por el hecho de que este tratamiento le impedía recibir la Santa Comunión al
causarle muchos dolores. Pero
Teresa Se volvió y mirándola le dijo en una suave voz, que no era ningún sufrimiento
para ella recibir la Santa Comunión.

Como un gesto cariñoso de consuelo hacia sus hermanas Paulina,
María, Leonia y Celina les dio una pintura con un
poema. En el poema, les describía su futuro viaje de vuelta para estar con  Jesús para siempre. Lo más importante de
su mensaje a sus hermanas, fue que les pidió que recordasen la importancia de Amar sobre todas las cosas. También
les reiteró su compromiso eterno de servir y amar a Jesús completamente. Ella quedó en paz.

Esa tarde, el quince de Junio de 1897, Paulina se sentó junto a
Teresa y le preguntó: “Me olvidarás cuando llegues al
Cielo?”
Teresa la miró y recitó un verso de Juan, 14,3 “Me iré y prepararé un lugar para vosotros. Vendré de nuevo y
os llevaré Yo mismo porque donde Yo voy vosotros también vendréis” (B)

Paulina había pintado miniaturas de la Virgen Madre sosteniendo al niño Jesús para la priora. La Madre María de
Gonzaga con ocasión de su fiesta. Las llevo a
Teresa antes de entregarlas. Amorosamente, Teresa  tocó con la punta
de sus dedos la cabeza del niño Jesús y dijo; “las tomo todas bajo mi protección” (LC)

Paulina había acabado sus obligaciones diarias  y cuando fue a la celda de
Teresa para comprobar como estaba, el día
3 de Julio. Durante su conversación sobre el tema de la muerte. Paulina mencionó la tradición Carmelita de poner una
palma en la mano de la monja muerta mientras ella está en el ataúd. Pero
Teresa la miró amorosamente y le dijo, “A
veces soltaré la palma para estar a tu lado cuando necesites cualquier gracia.”

Días más tarde, la condición física de
Teresa  se deterioró hasta ser evidente cuando empezó a vomitar sangre de
nuevo. Paulina, a la misericordia de Nuestra Señora, rezó junto a su estatua para pedir que el vomito de sangre parase.
Guardó Vigilia en su honor y encendió una vela. Al final del día, los vómitos de
Teresa  pararon para el resto de la
noche.

Teresa fue trasladada a una celda en la enfermería  permanentemente el 8 de Julio. Se tuvo gran consideración en
cuanto a darle los últimos ritos. Paulina se sentó al lado de su cama en la enfermería e intentó consolarla. Los ojos de
Teresa brillaban con las lágrimas porque se sentía abrumada  por el cuidado que le dio Paulina. Reflexionaba sobre los
recuerdos de su infancia y de su frágil estado de salud al ser adulta. Le dijo a Paulina, “Siempre me has cuidado
durante toda mi vida. Cuando vaya al Cielo, tomaré la oportunidad de devolverte las gracias que me diste mientras
estuvimos aquí en el exilio.  No sólo te devolveré todas las gracias que me diste sino que las multiplicaré sin mesura.”

Paulina tenía el hábito de vigilarla. Después de que
Teresa fuese trasladada a la enfermería, fue evidente que no volvería
a su celda. Paulina le dijo a
Teresa: “ahora cuando mire a la ventana de tu celda, será muy doloroso porque sabré que
ya no estás ahí.”
Teresa le respondió diciendo: “Cada vez que mires a la ventana de mi celda, te recordará lo feliz que
soy en el Cielo, aunque haya muchos recuerdos que te asalten de las batallas que he luchado contra mi enfermedad.”
Paulina estuvo allí también para consolarla durante su enfermedad, llenando sus días con puro amor.

El 14 de Julio, el médico vino y visitó a
Teresa. El Médico le dijo a Paulina que parecía que estaba mejorando y que
podía ser posible que se recuperase. Aunque
Teresa pensaba lo contrario. Ella sabía que Dios la estaba llamando a su
casa en el Cielo.
Teresa  quería que su enfermedad terminase pronto y así hacer que sus hermanas Paulina y Celina no
sufriesen más. Ella admiraba a Paulina y le decía lo mucho que la quería. Tú sabrás lo mucho que te quiero pronto,
muy pronto.

El 18 de Julio,
Teresa había respondido a la carta del Padre Belliére. En la carta, ella intentó consolarle ante la
inminencia de su muerte. Previamente, ella le pidió que rezase por Paulina  para que viera su muerte, no con amargura,
sino como una bendición. Tanto el Padre Belliére como Paulina veían la muerte de
Teresa como una gran pérdida.
Lentamente, las plegarias de
Teresa fueron respondidas, la actitud de Paulina acerca de su marcha al Cielo estaba
cambiando, y que Paulina se daba cuenta, de que, aunque iba a perder a su hermana en la Tierra, siempre la tendría en
el Cielo. Por eso,
Teresa le pidió al Padre Belliére que continuase rezando por Paulina para que ambos se consolasen
ante su muerte Por favor, reza por mis intenciones porque quiero a mi hermana Paulina “ mucho más porque es la
Presencia viva de Jesús para mi”

El 21 de Julio, Paulina fue a la enfermería para ver cómo estaba su hermana y hacer pequeños gestos que confortasen
a su hermana. Cada día
Teresa esperaba ver a Paulina y comentarle lo que realmente significaba para ella que Paulina
estuviese con ella. Cada vez que Paulina llegaba para verla su espíritu se llenaba con alegría.
Teresa sabía que no hacía
falta que diese mucho de su tiempo a Paulina porque era ella la que siempre le daba mucho.

La angustia de ver a
Teresa sufrir añadía sufrimiento al esfuerzo físico que Paulina ya sufría. El 27 de Julio Teresa
viendo lo que su hermana estaba sufriendo cuando Paulina entró en la enfermería los papeles se invirtieron y Paulina se
convirtió en la paciente y
Teresa insistió en que Paulina tomase la medicación que el médico le prescribió.

La angustia de ver a
Teresa sufrir añadía sufrimiento al esfuerzo físico que Paulina ya sufría. El 27 de Julio Teresa
viendo lo que su hermana estaba sufriendo cuando Paulina entró en la enfermería los papeles se invirtieron y Paulina se
convirtió en la paciente y
Teresa insistió en que Paulina tomase la medicación que el médico le prescribió.

La Unión espiritual entre Paulina y
Teresa era muy fuerte. Ellas tenían un lazo especial. Sin tener que decir una palabra,
todo era revelado en sus almas. El 27 de Julio cuando Pauina entró en la enfermería,
Teresa le dijo lo fuerte que era su
unión. Ella le dijo: “La pequeña madre es mi teléfono, sólo tengo que pegar mi oído cuando ella viene, y lo sé todo.”
(LC)

Teresa se recostó en su cama y cogió un abanico que le habían dado las hermanas Carmelitas de Saigón el 30 de Julio.
Como sus hermanas
María, Paulina y Celina estaban sentadas junto a su cama, Teresa cogió el abanico y empezó a
abanicarlas. Las miró  amorosamente mientras seguía abanicándolas y dijo: “Estoy abanicando a las santas en lugar de
a mí misma, estoy abanicándoos para hacer algo bueno porque vosotras sois santas” (LC)

El 1 de Agosto, Paulina trajo el manuscrito de  
Teresa para que ella lo revisase. Teresa lo releyó y se abrumó por la
emoción de leer lo que había escrito.
Teresa se volvió hacia Paulina y le advirtió. Ella le dijo a Paulina: “Por favor no
dejes que nadie sepa que he escrito este manuscrito hasta que haya sido publicado con la excepción de la Madre María
de Gonzaga. “Madrecita”, si le dijeses a alguien algo sobre el manuscrito el demonio pondría varios obstáculos en tu
camino y tu habilidad para hacer que se publique sería extremadamente difícil.” Poco sabía Paulina en ese momento lo
que le esperaba en el futuro respecto al manuscrito de
Teresa, Paulina fue a la enfermería el 5 de Agosto para consolar
a
Teresa y ver si ella estaba hacienda frente a la enfermedad. Durante su conversación, Paulina le contó cierto
incidente que ella había sufrido,
Teresa la miró y le dijo que como Madre, la representante de Cristo con sus hermanas
no debería dejar que nadie supiese que ella estaba sufriendo. Es mejor para una hermana ser capaz de confiar a su
madre sus sufrimientos sin saber que su madre compara sus propios sufrimientos con los de su hermana. Repitiendo a
Paulina lo que ella le había dicho ya una vez cuando eran niñas.

Algunas veces
Teresa sufría enormemente, si vomitaba sangre o se ahogaba. Paulina rezaba reverentemente a Nuestra
Señora y le pedía que aliviase los síntomas de la enfermedad de su hermana.
Teresa  por otro lado le pedía que no
molestase a Nuestra Señora  para aliviar sus síntomas. El 17 de Agosto,
Teresa  se refirió a su hermana Celina. De
forma jocosa,
Teresa le dijo a Celina después de que Paulina le hubiese dicho antes, que iba a rezar por ella: “Ella
(Paulina) le rezó a María, y ya no tengo hipo.” (LC)

La condición de
Teresa continuó empeorando en Septiembre. Cuando el aniversario de su profesión unos días más
tarde, los síntomas de su tuberculosis se escondieron muy bien. Los médicos fueron engañados por esto cuando
fueron a visitarla. El 11 de Septiembre, Paulina vino a ver como estaba. Mientras Paulina se sentaba junto a su cama
hablándole.
Teresa hizo una profecía a Paulina. De todas las hermanas, María, Leonia y Celina, Paulina era la última de
sus hermanas en dejar la tierra  y entrar en el reino del Cielo. No sería su tiempo hasta que Paulina completase el
trabajo que
Teresa tenía que hacer desde el Cielo. Al menos, mientras haya algunas almas que necesitaban de su guía,
entonces Dios enviaría por ella.  Es cierto que de las hermanas de
Teresa, Paulina vivió hasta más edad que ninguna,
pero
Celina, por otro lado, murió ocho años más tarde que Paulina.

Teresa le dijo a Paulina cuanto la quería. Cada día, cuando oía llegar a alguien, creía que se trataba de su hermana y, si
no lo era, su alma se entristecía.
Teresa la veía como la luz que persigue a la oscuridad, como la canción que cantaba
su alma, incluso cuando no hablaban.

El 24 de Septiembre, fue el aniversario de cuando
Teresa recibió el velo. Paulina recibió permiso de su priora para que
celebrasen una misa en su honor. Más tarde, fue a verla, pero no pudo creer lo que vio: sus síntomas no habían
cambiado y sufría inmensamente.
Teresa se dio cuenta del sufrimiento de su hermana, y le pregunto si se había
celebrado la misa para que mejorase su salud.  Paulina le confirmó este hecho, diciendo que “Era para su propio bien”,
a lo que su hermana respondió que “Debe ser la voluntad de Dios que sufra”.Durante esta conversación,
Teresa
describió su vida como una hoja muerta, colgando de una telaraña junto a la ventana de la enfermería, señalando que
su vida estaba colgando de un hilo.

El 29 de Septiembre, tuvieron lugar las últimas horas de sufrimiento de
Teresa. Los signos de su inminente muerte
eran más  evidentes que nunca. Sus hermanas estuvieron a su lado, mientras se rendía al sufrimiento. Paulina quiso
acomodarla leyéndole sobre el Arcángel San Miguel, a pesar de que sufría un fuerte dolor de cabeza.
Teresa se dio
cuenta de que su hermana sufría y le pidió que descansara en su celda, a lo que accedió poco más tarde. Al levantarse
el sol, Paulina fue a acompañar a
Teresa durante la misa, consolándola mientras sufría periodos de sofoco, diciéndole
cuanto la quería y la bendición que suponía haberla tenido en su vida.

Celina le dijo que debería ofrecer su última mirada a Paulina, pero Teresa quería ofrecérselo a la Madre María de
Gonzague por respeto,  que su hermana no debía ofenderse si no le ofrecía su última mirada, porque quería dársela a  
la persona que más lo necesitara. En pocas horas, la condición de
Teresa empeoró mucho, a penas podía respirar y su
piel se volvió púrpura, así como grandes gotas de sudor caían por su cara.

Paulina salió corriendo de la enfermería ya que no soportaba ver a su hermana sufrir tanto. Llegó hasta las imágenes
del Sagrado Corazón de Jesús y Santa Margarita María, pidiéndoles que aliviasen el sufrimiento de su hermana.
Después, volvió a la enfermería y siguió rezando.

La comunidad fue llamada dos veces a la enfermería. Primero, a las cinco de la tarde, ya que pensaron que
Teresa aún
viviría unas horas más, por lo que la priora les dijo que podían irse. A las siete, cambió de opinión y volvió a llamarlas..
En este momento, fue cuando vieron el ascenso de
Teresa al cielo. Agarrada a su crucifijo, murmuró cuanto amaba a
Dios, yendo a un estado de éxtasis y respirando una vez más antes  de dirigir su última mirada a
Celina a las 19:20 PM.
Minutos después, Paulina le escribió a su hermana
Leonia, y a sus tíos, que estaban rezando por la salud de Teresa en
la capilla Carmelita. Las hermanas hablaron con ellos en la recepción del Monasterio a cerca del funeral de Teresa.

Una  vez que la comunidad dejó la enfermería. Paulina salió al patio a recoger la hoja muerta con la tela de araña
todavía intacta. La hoja muerta había caído al suelo debido a la fuerza del viento que había habido durante el momento
de la muerte de Teresa, era la misma hoja que Teresa había utilizado para simbolizar el estado en que se encontraba su
vida el 26 de Septiembre. Más tarde, Paulina,
María y la Sor Aimee de Jesús prepararon el cuerpo de Teresa para el
funeral.

El cuerpo de
Teresa fue llevado a la Capilla del monasterio donde todo el mundo podía ver su cuerpo. El 4 de Octubre,
tuvo lugar el funeral de
Teresa. Cuando la ceremonia acabó, Leonia presidió la procesión hasta el monasterio. Teresa
era la primera Carmelita en ser enterrada en este cementerio. Paulina pintó el nombre de Teresa y sus fechas de
nacimiento y muerte en la cruz de madera que pusieron en la tumba.

Después del enterramiento,
Leonia fue a visitar a sus hermanas al Monasterio. Paulina quería conservar la ropa de
Teresa intacta y le pidió que comprase toda su ropa para que no fuera quemada o dada a otra hermana.
Desafortunadamente, las sandalias fueron quemadas por equivocación, pero la Madre María de Gonzaga, permitió que
Leonia comprase el resto de objetos y ropa de Teresa.

La siguiente tarea de Paulina, era conseguir que se publicara la autobiografía de
Teresa. Era tradición del la Orden del
Carmelo que después de la muerte de una monja, se enviase una carta a todos los Carmelos de Francia y del mundo.
Esto no iba a ser una tarea muy fácil para Paulina porque había demasiados obstáculos en su camino. El manuscrito
que
Teresa escribió antes de su muerte estaba dirigido a Paulina y a María. Para calmar la naturaleza susceptible de la
Madre María de Gonzaga y que no se ofendiese, Paulina borró su nombre y el de su hermana de los manuscritos.
Paulina los cambió por el de la Madre María de Gonzaga. Paulina tenía miedo de que la Madre Superiora se ofendiese
por el contenido del manuscrito y lo quemase.

Paulina llevó entonces el manuscrito para que la Madre María de Gonzaga lo revisase, . Después de leerlo, la Madre
María vio al Padre Godfrey Madeline de los Padres Norbertinos de la Abadía de Mondaye pidiéndole  que revisase el
manuscrito. Paulina se lo entregó el 29 de Octubre de 1897. El Padre Godfrey quería conseguir el imprimátur del
Obispo, pero  éste rehusó concederlo. Después de un segundo intento, el Obispo accedió a que el Censor de la
diócesis lo revisase. El Padre Godfrey hizo también varias recomendaciones. Pidió a Paulina que eliminase algunas de
las frases o expresiones “demasiado personales” para el público general o que eran demasiado repetitivas. El también
puso el título  de “La Historia de un Alma”, dividiendo el manuscrito en capítulos. El 8 de Marzo de 1898, el Padre
Godfrey, le comunicó a la Madre María que había recibido el permiso  o imprimátur para que el libro fuera publicado.

Los cambios hechos en el manuscrito no preocuparon a Paulina puesto que
Teresa  la autorizó a hacer los cambios en
el manuscrito que considerase necesarios. También le pidió que incluyese pensamientos a cerca de la Caridad, de la
Justicia divina y de tener confianza en Dios.

Paulina se preocupó que su tío Isidoro fuera el que se ocuparse de los detalles de la publicación con la editorial.
Convenció a la Madre María de Gonzaga de que permitiera publicar los manuscritos en lugar de la carta – obituario a
los Monasterios Carmelitas. En Octubre de 1898, Paulina  superó todos los obstáculos hasta conseguir la publicación
de “La Historia de un Alma”.

El 28 de Enero de 1899,
Leonia hizo el cuarto intento para ingresar en el Convento de la Visitación de Caen. Esta vez,
tal y como
Teresa había predicho , para siempre. Las hermanas de Leonia estaban muy excitadas pero también
preocupadas. Todas ellas, la animaron con sus cartas y oraciones.

Paulina tuvo la oportunidad de ver a
Leonia brevemente en 1902. Ella y la Madre María de Gonzaga viajaron a
Valognes, al nordeste de Normandía, en viaje de negocios. Fue un regalo y una bendición para
Leonia porque ella creía
que nunca iba a volver a ver a sus hermanas otra vez.

Era otra vez el momento de elegir a una nueva Priora y el 19 de Abril de 1902, Paulina se convirtió en la nueva Priora
del Monasterio.

Paulina celebraba su santo el 21 de Enero de 1903. Era tradición del Carmelo de hacer algún tipo de regalo a la monja
que celebrase su santo. Una de las antiguas novicias en tiempos de
Teresa, la Sor María de la Trinidad, compuso un
libro con los cuatro Evangelios y le tituló “ Historia de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo”. Paulina se sintió
realmente agradecida por tan bello regalo.

En 1904, a la Madre María de Gonzaga le diagnosticaron con un cáncer en la lengua. Su salud se deterioró
rápidamente y fue trasladada a la enfermería. A pesar de las diferencias entre ellas, Paulina dedicó todo el tiempo
posible en el cuidado de la Madre María. El 17 de Diciembre, la Madre María miró a Paulina y le dijo” He ofendido a
Dios más que nadie en esta comunidad. Y no confiaría en ser salvada sino tuviera a mi pequeña
Teresa para que
intercediera por mí”.

La Sor María de la Eucaristía, prima carnal de Paulina y monja carmelita desde 1895, fue diagnosticada con
tuberculosis. Todas las hermanas Martin tenían una relación muy estrecha con la familia Guérin  especialmente
después de la muerte de su padre. Para Paulina  era como si la historia se repitiese otra vez. Y aunque el Dr La Neele  e
Isidore Guérin se vieron incapaces de  contener el avance de la enfermedad. Ni la ciencia ni las plegarias que Paulina y
la comunidad  buscando la intercesión de
Teresa, impidieron la muerte de María Guérin ese mismo año.

En un sueño, una Hermana oyó que
Teresa le decía  “Si oyes mi voz después de que la Sor María de la Eucaristía
muera, sabrás que está en el Cielo conmigo” Al mismo tiempo que María Guérin moría, esta Hermana escuchó la voz
de
Teresa.

La devoción e interés sobre la vida de
Teresa, crecía y, a medida que los años pasaban, era imposible para Paulina
contestar a todas las cartas que recibía, que, a veces, superaban en cientos cada día. Pero una de las cartas captó la
atención de Paulina. Estaba escrita por la Sor Estanislao del Sagrado Sacramento del Monasterio de Boston, que tenía
una de las primeras ediciones de “La Historia de un Alma”. Ella estaba profundamente atraída por el libro y por el
“Pequeño Camino”. Y comenzaron una correspondencia en la que la Hermana buscaba consejo de Paulina. La Sor
Estanislao fue, más tarde, una de las fundadoras del Carmelo de Filadelfia. Su devoción era tan profunda que las
Hermanas la conocían como “La pequeña Flor de Filadelfia”.


Escrito cerca:: R. Hann
Traducido cerca Yolanda y familia


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Helmuth Nils Loose, Pierre Descouvemont. Thérèse and Lisieux (TOL)
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Gibbons, James Cardinal. Holy Bible (Douay-Rheims) 1899 Edition. (B)
Baronius Press Unlimited, London, United Kingdom, 2005        
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