Por las tardes, Paulina ponía a Teresa sobre sus rodillas, sacaba un libro religioso y se lo leía. Después de leérselo
Teresa hacía multitud de preguntas, en una ocasión en concreto Teresa estaba muy preocupada acerca de que las
buenas acciones de cada persona, grandes o pequeñas, no compartirían igualmente la Gracia de Dios. Paulina le dijo
que trajese un vaso de su padre y un dedal. Entonces llenó ambos de líquido y le preguntó a
Teresa que cual de los dos
estaba más lleno.
Teresa respondió que ambos estaban igualmente llenos. Paulina le explicó a Teresa que las buenas
acciones de cada persona, independientemente de su posición en la sociedad, tendrían un lugar igualitario en la Gracia
de Dios. No hay razón por la que se deba sentir envidia por lo que otro ser humano ha hecho o dejado de hacer por la
Gracia de Dios.

Las preparaciones para el comienzo de la educación formal de
Teresa eran una prioridad para Paulina antes de que ésta
entrase en una escuela Benedictina en Lisieux. Paulina dio lecciones a
Teresa no sólo sobre gramática, catecismo, sino
también sobre Piedad. Paulina acostumbró a
Teresa a los rigores de la escuela antes de ir a ella, impartiéndole las
lecciones y luego calificándoselas.
Teresa fue premiada por sus éxitos pero también reñida por sus faltas. Años más
tarde,  
Teresa se preguntaba: “me he preguntado muchas veces como fuiste capaz de criarme con tanto amor y
ternura sin malcriarme. Nunca permitiste que una falta mía quedase sin una reprimenda y cada queja era
verdaderamente merecida.” (SST)

Teresa iba a alcanzar la edad de su primera confesión. Para prepararla Paulina hacía que examinase su conciencia cada
día para ver si cometía o no algún pecado. Paulina le pidió que confesase sus pecados al sacerdote como si estuviese
hablando con Dios.
Teresa le dijo a Paulina sobre su primera confesión: “Me dijiste que cuando estuviese confesando
mis pecados al sacerdote, realmente lo estaba haciendo a Dios. Te pregunté si debería también decirle que le amaba
como si fuese Dios en carne viva y tu dijiste que si.”  Paulina trabajó con
Teresa en el estudio del catecismo para
prepararla para su Primera Comunión. Más tarde,
María siguió enseñándole, cuando Paulina entró en la comunidad
Carmelita.

La Generosidad fue siempre el espíritu que reinó en la casa de la familia Martin. Les Buissonnets no sería una
excepción. Los pobres se agrupaban alrededor de la casa cada lunes para recibir algún tipo de caridad. Paulina hacía
que
Teresa se encontrase con ellos en la entrada de la casa para enterarse de cuáles eran sus necesidades. Cuando se
enteraba,
Teresa volvía y se lo contaba a Paulina. Paulina entonces decidía que distribuir a cada uno, si comida, ropa o
dinero para los necesitados. Incluso si la persona que lo necesitaba no podía ir a su casa, ellos hacían el esfuerzo de ir
a las casa y ayudarles. Fue una gran lección para
Teresa que Paulina le enseñó, el hacer frente a sus temores y
superarlos.

Durante los momentos de relajación y descanso las niñas se sentaban junto al rio, donde dibujaban el paisaje o
trabajaban en sus bordados mientras su padre pescaba. Paulina preparaba siempre una cesta de comida para sus
pequeñas aventuras. Después de cinco años en Les Buissonnets, fue momento para que Paulina respondiese a su
llamada a la vida religiosa. Ella tenía en mente el convento de la Visitación en Le Mans. Viajaba muchas veces a su
antiguo Internado, donde hablaba con la Madre Superiora acerca de entrar en el convento. Pero Dios tenía otros planes
para que ella le sirviese. El 16 de Febrero de 1882, mientras rezaba frente a la estatua de la Virgen del Monte Carmelo
en la Iglesia de San Jaime, Paulina recibió la revelación de que tenía que convertirse en monja carmelita. Siguiendo esta
revelación Paulina empezó a visitar frecuentemente el Monasterio de las Carmelitas en Lisieux, donde hablaba con la
Priora acerca de entrar a formar parte de su Orden. Pero en aquel momento, en el que ella quería entrar no había sitio
para ella en el Monasterio. Así que buscó la opción de entrar en el Monasterio Carmelita de Caen. Justo en el momento
en el que Paulina estaba a punto de aceptar entrar en este monasterio, una postulanta del Monasterio Carmelita de
Lisieux murió de repente, dejando la vacante libre para que Paulina pudiese entrar.

Paulina tenía la enorme tarea de contarle a su padre sus intenciones de entrar
en el Monasterio Carmelita. Preocupada por cómo reaccionaría. Paulina se lo
dijo cuando él acababa de rezar. Para su sorpresa, él tomó las noticias con
mucha calma. La única preocupación que su padre tenía era por los
frecuentes dolores de cabeza que Paulina sufría. Aunque, más tarde ese día,
él se acercó a ella y le dijo: “Mi Paulina, te doy permiso para entrar en el
Carmelo por tu propia felicidad, pero no pienso que esto sea un sacrificio mío,
porque te quiero mucho.” (SF)

Por otro lado, Paulina nunca tuvo la oportunidad de decírselo a
Teresa. Mientras
Paulina y
María estaban hablando sobre su entrada, Teresa las oyó hablar y se lo
tomó muy mal. Corrió a su dormitorio y empezó a llorar. Se sentía traicionada
porque Paulina se iba sin ella. Previamente, ellas habían hablado de ser “dos
ermitañas en el desierto” y el Carmelo iba a ser el desierto de Paulina.

Teresa pensaba que Paulina hablaba en serio, aunque, cuando ésta se lo dijo
no era en serio. Para
Teresa fue la primera percepción de que perdería a otra
madre. Más tarde ese día, Paulina le explicó a
Teresa sus razones para dejar
su hogar calmando así sus miedos.                                                                                   
                                                                                                                                      
Carmel de Lisieux
Antes de entrar en el Carmelo en octubre, Paulina y su familia fueron de viaje juntos a Alencon por última vez. Allí
estuvieron con la madrina de Paulina, Paulina Romet. Como señal de respeto hacía su amada madres y hacía sus
hermanos y hermanas, fue al cementerio y rezó junto a la tumba de su madre. Paulina quería decir su último adiós
antes de entrar. Justo al llegar a Lisieux, Paulina pasó algún tiempo preparando sus cosas para el gran día.

El 2 de Octubre de 1882, Paulina entró en el monasterio Carmelita como postulanta. Luis, su tío Isidoro y
María la
acompañaron a la capilla para ir a Misa. Después de la Misa, Paulina  dijo adiós a su familia y entonces fue bienvenida
en la puerta del claustro por la Madre Genoveva. Acompañada por una de las hermanas,  le mostraron el monasterio.
La llevaron a su nueva celda donde se cambio de ropa y vestida con un “largo vestido azul cubierto por una capa negra
y un gorro oscuro.” (TOL) La iniciación en las tradiciones de la Orden Carmelita había comenzado para Paulina. Más
tarde ese día, le dieron la oportunidad de ver a sus hermanas pequeñas
Celina y Teresa durante unos 30 minutos
mientras ella estaba detrás de la reja en la zona de recepción.

Teresa aún estaba dolida por la marcha de Paulina y le dijo: “Fui débil, tan débil que pensé que se me estaba
sometiendo a una prueba que pareció muy por encima de mi fortaleza.” (ST) Paulina la consoló explicándole porque
había entrado en el monasterio Carmelita. “Mi vocación no es donde vivo o con quién vivo o cuantas oraciones rezo.
Es simplemente una llamada del Señor, una invitación a que me acerque a Él en una vida de total consagración.” (ST)

Teresa tuvo una misteriosa enfermedad, que duro varios meses después de que Paulina entrase en el convento. La
familia incluso pensó que no podría atender a la ceremonia de toma de hábitos de Paulina en Abril. Pero
Teresa    
recuperó fuerzas, lo bastante para ir a la ceremonia de su hermana. Más tarde,
Teresa dijo que la enfermedad durante
ese tiempo la había causado el demonio mismo. El demonio no quería que Paulina entrase en el monasterio carmelita y
estaba enfadado sobre  las posibles represalias que la familia Martin tomaría en el futuro.

El 6 de Abril, Paulina se convirtió  oficialmente en novicia y fue bautizada con el nuevo nombre de Sor Inés de Jesús.
Paulina dejo el claustro y se reunió con su padre que fue rápidamente a la puerta. Acompañada de su padre, se fue a la
zona de recepción para ver a su familia. Cuando Paulina estaba reunida con su familia,
Teresa se acercó a ella y
Paulina la sentó en sus rodillas donde le dio un montón de besos para consolarla. Después de esa breve reunión, era
momento de que la ceremonia empezase. Paulina, en su bonito vestido de novia, vestida de satén blanco y con su
cabeza cubierta de un velo de encaje, fue acompañada por su padre hasta el altar. Padre Ducellier, el consejero
espiritual de Paulina era el oficiante de la ceremonia. La familia se sentó cerca en la capilla. Después de la ceremonia, el
padre de Paulina la acompañó de vuelta a la puerta del claustro donde fue recibida por la Priora. Paulina anduvo por la
habitación del coro donde se quitó el vestido de novia y los reemplazó con su hábito de monja y un velo blanco.
Paulina fue autorizada a ver a su familia una vez más pero esta vez tendría que estar oculta detrás de la reja. En honor
de la ceremonia de Paulina, su padre, dio al monasterio Carmelita dos candeleros dorados de bronce con cristales.

Durante el tiempo del noviciado de Paulina, ella aprendió la práctica de la devoción del a Sagrada Cara bajo la dirección
de Madre Genoveva de Santa Teresa. En el monasterio Carmelita de Tours, una hermana recibió revelaciones sobre los
misterios de la Sagrada Cara. Después de aprender estas revelaciones, Madre Genoveva entonces invocó la práctica  
de esta devoción en su propio Monasterio. Paulina siguió fielmente la devoción de la Sagrada Cara. Cuando sus
hermanas vinieron  a unirse más tarde, ella les introdujo esta devoción también. Más tarde
Teresa dijo: “Fue Paulina
quien me desveló la profundidad de los tesoros escondidos en la Sagrada Cara por el Salvador.” (SG)

Las enseñanzas de San Juan de la Cruz fueron esenciales en la devoción de Paulina. Ella practicó las mortificaciones
para liberar su corazón de las posesiones materiales, que de otra manera prevendrían que ella sirviese a Dios
completamente. Llenando este hueco en su corazón, lo volvería hacía un amor incondicional a Dios. Paulina usaría la
oración como foco central de su búsqueda de Dios y permitiría que Él reformase su corazón. Paulina no usaba la
oración para buscar lo que ella quería sino para lo que Dios quería para ella. Como acto de devoción hacia Dios,
Paulina hacía muchas penitencias para salvar muchas almas.

Los talentos de Paulina para pintar miniaturas, de niña, trascendieron a su vida en el monasterio. Usó sus  
extraordinarios talentos para pintar imágenes religiosas en tarjetas, cartas y estatuas. Escribió adorables trabajos de
poesía promocionando el amor incondicional a Dios para ser fiel. Paulina fue también asignada con la tarea de dar sus
servicios para proveer a la Comunidad, organizando la zona de comedor para cada una de las comidas de la comunidad.

Aunque Paulina vivía en el monasterio, siguió preparando a
Teresa para su primera comunión. Paulina le dio un
cuaderno de terciopelo azul, con sus iníciales grabadas. Ella tenía que hacer una lista con todos sus sacrificios  y actos
de caridad cada día y equipararlo con una flor. Cuando ella iba a recibir la Primera Comunión, lo coordinaron para
hacerlo el mismo día que Paulina hacía su Profesión, ella podía enseñar  cuantos sacrificios había hecho por Jesús,
mediante la representación de flores. Paulina la animó a que amase cada acto de caridad y sacrificio que hiciese. En
una carta, Paulina refuerza esta idea diciendo: “Sabes, querida, que tus flores necesitan calor para florecer a los pies de
Jesús.” (TL) Aunque, más tarde, la hermana de Paulina sería conocida como la “pequeña flor”, sacrificándose por
Jesús.

A medida que los días se acercaban para la Primera Comunión  de
Teresa, Paulina le envió una tarjeta blanca y negra
en la que  había una imagen de Jesús detrás de una reja, debajo había una flor  con el nombre de Pauline escrito
debajo.  Cuando
Teresa vio la imagen de Jesús detrás de la reja, le dio esperanza de que un día ella también sería una
flor para que Jesús arrancase.

El 8 de Mayo de 1884, Paulina hizo su Profesión en la Orden Carmelita. Vestida con un velo blanco de novicia, llevo  
una corona de rosas alrededor de la cabeza. Entró en la habitación del capítulo y anduvo hacia la Madre Genoveva. Se
arrodilló delante de ella e hizo sus votos con sus hermanas Carmelitas como testigos. Debido a la Regla de la Orden
Carmelita, la familia de Paulina no estaba autorizada a ver la ceremonia de profesión. Aunque, más tarde, su familia fue
a visitarla en la zona de recepción donde la felicitaron y congratularon por haber hecho su profesión.

El padre de Paulina le dijo lo “Orgulloso que estaba de ella y lo agradecido que estaba a Dios por haberle dado una
vocación tan alta.” (SF)

El 16 de Julio de 1884, la familia Martin fue a la capilla Carmelita para ver la ceremonia final de toma de hábitos. Su
padre tuvo el honor de asistir al Padre Ducellier durante esta ocasión especial. El velo blanco de Paulina fue sustituido
por uno negro. Una corona de rosas fue puesta sobre el velo negro. Después de la ceremonia, la familia vino a visitarla
en la zona de recepción.
Teresa viendo a Paulina en su nuevo hábito negro, se dio cuenta de que ya no iba a ser la
madre sustituta que una vez había sido. “Ella siempre me quiso, rezo por mí, pero a mis ojos se convirtió en una
Santa.” (TL) Paulina había tomado los últimos pasos para dar su vida entera a Dios.

María, la hermana mayor de Paulina, mostró interés en unirse a Paulina en el monasterio Carmelita. Ella también, tenía
vocación, con algunas reservas sobre la austeridad de la Orden antes de entrar. El 15 de Octubre de 188, Paulina abrió
sus brazos para recibir a
María en el monasterio Carmelita. Se le dio el privilegio de acompañar a María alrededor del
monasterio así como de iniciarla en las tradiciones y normas. Las dos hermanas que una vez fueron inseparables
mientras estaban en el Internado, ahora estaban juntas de nuevo.

Teresa, la hermana más joven de Paulina, también mostró interés en unirse a la Orden Carmelita. Paulina le preguntó si
quería ir porque ella estaba allí o si realmente
Teresa tenía vocación para ser Carmelita. Teresa le aseguró que  
realmente quería ser carmelita. Paulina le explicó los rigores de ser carmelita. Aún así, no convenció a su hermana para
olvidar sus intenciones de unirse al monasterio. Paulina urgió a su hermana a hablar con la Priora y hablarle de sus
ambiciones de convertirse en Carmelita.

La Priora accedió y le dijo que ella necesitaba permiso del Obispo para entrar en la Orden tan joven. Este obstáculo no
lo era a los ojos de
Teresa. Su tío Isidoro era opuesto a la idea de que entrase en el monasterio. Paulina intercedió a
favor de su hermana escribiendo a su tío y convenciéndole de que le diese permiso. Después de recibir la carta de
Paulina, su tío accedió a la entrada de
Teresa.

Cuando
Teresa fue a ver al Obispo Hugonin, él se opuso a la entrada en el monasterio por la edad de ella. Sólo quedaba
una opción que era ver al Papa mismo y pedirle permiso. Antes de que la familia fuese en peregrinaje. Paulina insistió
en que
Teresa no hablase con el Papa sobre su entrada. Pero se retractó después de que la familia dejase Lisieux.
Paulina instruyó a
Teresa sobre lo que tenía que decirle al Papa en un mensaje que le envió mientras estaban en Roma.

Canon Deatroëtte oyó lo que estaba pasando en Roma. Fue a ver a Paulina y a su Priora. Se volvió muy caustico en su
forma de tratar a ambas y siempre se opuso a la entrada en el convento.

Paulina recibió una reliquia de la Iglesia de St. Inés de parte de
Teresa y Celina después de que volviesen de su
peregrinaje por Italia. Era una pequeña pieza de mármol con un mosaico que había caído mientras estaban allí. El
mosaico era original del tiempo en el que la iglesia fue construida.

Teresa quería enterarse si el Obispo Hugonin había cambiado de opinión sobre su entrada al Monasterio Carmelita. A
principios de Diciembre de 1887, Paulina ayudó a
Teresa a escribir una carta al Obispo Hugonin. Paulina editó la carta
y pintó una bonita tarjeta que la acompañaba. El 15 de Diciembre,
Teresa le envió finalmente la carta.

A finales de Diciembre de 1887, Obispo Hugonin cambió su opinión y garantizó a
Teresa la entrada en el Monasterio
Carmelita. Paulina sugirió que su hermana pequeña entrase después de Semana Santa. No sólo por la Cuaresma sino
también para dar tiempo al Canon  Deatroëtte de sobreponerse a su oposición. Más tarde
Teresa recordaba este evento
y decía a Paulina: “sólo había una persona que me animase en mi vocación y fuiste tú Paulina… tu corazón es fiel eco
del mío. Pero cuando la crisis llegó, fuiste tú quien me indicó el camino a seguir.” (SS)

Después de todos los obstáculos que la entrada de
Teresa en el monasterio Carmelita desapareciesen, ella le escribió a
Paulina un mes antes de su entrada y le dijo: “Oh Paulina, soy tan feliz de que el buen Dios me haya dado una hermana
como tú. Espero que reces por tu niña pequeña, que ella pueda corresponder a las Gracias que Jesús en Su Bondad  le
dé. Ella necesita de tu ayuda porque ella es muy poco de lo que quiere ser.” (CL)

Una tradición de la Orden Carmelita fue el que sus monjas profesadas fuesen a un retiro anual. Durante el mes de
Mayo, Paulina se iría de retiro coincidiendo con su aniversario como monja. El retiro anual de Paulina era utilizado
como una oportunidad para ofrecerse a Dios. Ella pasaba 10 días en aislamiento de las otras monjas. Cuando se viese
obligada a estar en presencia de las otras monjas ella ocultaba su cara. Si había necesidad de cualquier comunicación
con las otras monjas se hacía por escrito y sólo después de que la Priora diese su consentimiento.

En Enero de 1889, Paulina se puso muy enferma. Sufría constantemente de dolores de cabeza severos lo que hizo
difícil que cumpliese con sus deberes.
Teresa estaba muy preocupada por ella y pensó que podía morir. Su ceremonia
de novicia iba a ser el 10 de Enero y ella quería que Paulina fuese testigo de cómo ella tomaba el velo. Esto significaba
mucho para
Teresa, especialmente después de haber superado tantos obstáculos para entrar en el convento. Teresa
envió una nota a Paulina diciendo: “Sé que tienes un dolor de cabeza terrible... esto me causa dolor porque tengo
miedo de que el amado Jesús te lo cause para que extiendas tus alas…No mueras…Espérame que te seguiré.” (CL)

Paulina fue el mayor instrumento en ayudar a
Teresa a alcanzar su punto máximo de fe  durante su noviciado. En
Mayo de 1889, Paulina obtuvo permiso, de la Priora, para escribir durante su retiro.
Teresa alude a esto cuando
responde a la carta de Paulina: “Gracias a mi querido corderito por dejar a su bebé cordero oír una vez más la música
del Cielo. Fue una brisa ligera para su rama… es el corazón, más que los ojos, el que fue capaz de oír la música de
Santa Cecilia. No perdió ni una palabra.” (CL)  El sueño de Paulina de vivir en una ermitaña en el desierto aún resonaba
en su corazón y mente. Paulina sentía que el propósito de su existencia no sería ser mártir y derramar su sangre por
Jesús. Sino el fruto de su existencia sería dar todo su amor a Él y sólo a Él. Los severos dolores de cabeza de Paulina
le ocasionaban náuseas y vómitos lo que ocasionaba gran preocupación a sus hermanas. Ellas intentaban vigilarla de
cerca incluso cuando ella estaba de retiro. Sus hermanas mandaban notitas animándola a soportar su sufrimiento por
amor a Jesús.
Teresa escribió: “El corderito suplica que no te vayas al Cielo. Si tu lugar está allí ya preparado, por
favor, espérame para que podamos ir juntar a casa. Rezo para que estés más tiempo aquí en la tierra, en exilio.” (CL)

El padre de Paulina sufrió varios ataques y fue enviado a Caen para ser vigilado. Durante este tiempo de sufrimiento
para la familia entera, ambas
Leonia y Celina se quedaron en Caen con él.  El 27 de Abril de 1890 Paulina pintó un
cuadro de 5 lilas soportando un paño de la Sagrada Cara para el cumpleaños de
Celina. Cada lila representaba cada una
de las cinco hijas. Las Yemas sin florecer eran símbolo de cada hermano y hermana que habían muerto siendo niños.
El tallo mismo representaba a su madre y las espinas que envolvían la lila simbolizaban la difícil situación de su padre.
Paulina le dijo a
Celina: “Tú eres la lila más bella cuyos pétalos soportan la Sagrada Cara.” (TOL) La Sagrada Cara se
había convertido en el símbolo de la familia Martin y su sufrimiento.

Teresa era constantemente humillada en frente de las otras monjas durante su periodo de noviciado sin una razón
justificable. Le molestaba a  Paulina ver a su hermana ser tratada injustamente. Paulina se acercó a la Prior y le habló
del duro tratamiento hacía su hermana. Paulina pensó que la Priora se había sobrepasado en sus lecciones sobre
humildad y quería que se parase la forma de tratar a su hermana de esa manera. De todas maneras, la Priora no estuvo
de acuerdo completamente y respondió a Paulina diciendo: “Bueno, esta es una de las desventajas de tener hermanas…
ella tiene más orgullo de lo que tú piensas y necesita  ser humillada constantemente.” (SO) Paulina escribió varias
notas a
Teresa apoyándola y consolándola durante este periodo de humildad.

En Mayo de 1890, Paulina tomó su retiro anual dentro del monasterio.
Teresa obtuvo permiso para escribirle porque
ella era aún novicia. Con su Ser inundado por las constantes humillaciones sufridas a manos de la Priora,
Teresa alude
a Paulina la necesidad de alguna iluminación espiritual para ayudarla a aguantarlo.
Teresa le escribió: “Queridísimo
cordero, ¿Lo entiendes? Aunque mi corazón no puede expresar lo que siento… Tú, quien eres la antorcha de Jesús
para iluminar mis pasos en los oscuros caminos del exilio, ten piedad de mi debilidad, escóndeme bajo tu velo y que yo
pueda compartir tu luz.” (CL) En su momento, Paulina le envió numerosas notas para consolar a
Teresa y darle
esperanza e iluminación en su espíritu de Fe. Paulina reiteró la necesidad de su hermana de centrarse solamente en
Jesús y Jesús sólo.
Teresa responde y le dice lo bendecida que se siente  de que ella sea su “Madre sustituta” también
le dice que fue “ella quien le enseñó  a amar a Jesús, y a buscarlo sólo a Él.” (CL) Paulina también le da importancia a
que
Teresa siempre se quede escondida y no sea fuente de iluminación para otros. Debemos buscar a Jesús para ser
su sola fuente de Luz. “No nos dejes decir una palabra que haga que otros piensen más de nosotros.” (CL)

Paulina mantuvo su objetivo en Jesús solamente. Juan 12:23-25 “Jesús les contestó, diciendo: La hora ha llegado, que
el Hijo del hombre sea glorificado. Amen, amen, Yo os digo a vosotros, salvo que el grano de trigo al caer al suelo
muera, el mismo quedará solo. Pero si muere, traerá muchos frutos. Él que amo su vida la perderá; y si hubiese odiado
su vida en este mundo, guárdala para su vida eterna.” Él fue la única y verdadera fuente de amor para que ella superase
muchos obstáculos mientras estaba en exilio aquí en la tierra.

Al final de sus retiros, Paulina se reunía con sus hermanas una vez más y volvería a realizar sus tareas diarias en el
monasterio. Lo más importante,
Teresa siempre se emocionaba de tener a su “Madre sustituta” de vuelta. Teresa le  
dijo a Paulina en Mayo de 1890: “El pobre corderito siempre tendrá de vuelta a su madre, al fin… Le doy gracias a
Jesús por haberme dado a ti y por entender las necesidades de mi alma. El Silencio, ese es mi lenguaje que te dirá todo
lo que pasa en mi alma.” (CL)

En Agosto de 1890, Paulina fue atacada verbalmente por la Priora y esta le dijo muchas veces lo que le hacía daño en
su corazón. Además del ataque negativo, Paulina sufrió de bronquitis, para lo que el médico le prescribió que tomase
un tónico de Quinina. Tuvo que quedarse durante un tiempo en la enfermería durante su enfermedad. Fue un tiempo
difícil para Paulina tanto física como emocionalmente.
Teresa intentó consolarla en una nota que le escribió: “Si,
alegrías para nosotras será sufrir… La Gracia de ayer requiere la coronación y  Jesús te lo dio a ti. Oh, a ti… quien
eres mi luz, pide a Jesús que permita a nuestras almas que no se les prive y que la oscuridad  las ilumine.” (CL)




Escrito cerca:: R. Hann
Traducido cerca Yolanda y familia

Bibliografía

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María Paulina Martin
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Página II
“Jesús nos pide ser santos. Él necesita almas completamente devotas que se rindan totalmente a Su Divina Satisfacción.”... --Madre Inés de Jesús
1951
2011
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7 de Septiembre, 1861-28 de Julio, 1951
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