El 7 de Septiembre de 1861, María Paulina Martin vino al mundo con su bonito pelo castaño y ojos marrones en casa  
desus padres en la calle Pont-Neuf en Alencon, Francia. En el nacimiento de cada uno de sus hijos, Celia rezaba:
“Señor, dale Gracia a este niño para que se consagre a Ti, y que nada dañe la pureza de su alma. Si se perdiese,
preferiría que lo llevases Contigo sin demora.” (ML) La pequeña Paulina se parecía mucho a su madre, tanto en
personalidad como en apariencia. Se convirtió el  segundo hijo de Luis y Celia Martin. Luis y Celia distinguieron a cada
uno de sus hijos dándoles como primer nombre María en honor de Nuestra Señora y les distinguieron llamándolos José
en honor de San José. El segundo nombre de los niños era dado con los nombres de sus padrinos. El padrino de
Paulina era su tío Isidoro Guérin y su madrina fue Paulina Romet, una amiga cercana de Alencon. El bendito día llegó
el 8 de Septiembre de 1861, cuando Paulina fue llevada en brazos de su madre a la Catedral de San Pedro de Montsort
y bautizada  por el Padre Lebouc.

Cada mañana la madre de Paulina tenía el hábito de ir a Misa por la mañana. Antes de atender Misa encendía una vela y
rezaba reverentemente ante la figura de Nuestra Señora. Modesta de corazón, Celia pedía a Nuestra Señora por cada
uno de sus hijos, los que Dios les había otorgado a ella y a su marido, para que un día se convirtieran en Santos.
También pedía a Nuestra Señora que sus hijos fuesen más reverentes hacía Dios de lo que ella era.

Tristemente, cuatro de los hijos de los Martin nunca llegaron a ser adultos. Celia dio a luz a su cuarto hijo el 13 de      
Octubre de 1864, María Elena que murió el 22 de Febrero de 1870, a la edad de cinco años. Luis y Celia recibieron la
bendición de tener otro hijo  el 20 de Septiembre de 1866, su primer hijo varón, José Luis Martin. Tristemente él
también murió un año más tarde, el 14 de Febrero de 1867. El 19 de Diciembre de 1867, su segundo hijo varón nació,
José Juan Bautista, y Paulina en particular estaba muy excitada con este nacimiento. Sus padres Luis y Celia dieron a
Paulina el honor de ser la madrina del bebé. De todas formas, él también murió el 25 de Agosto de 1868. La vida de la
sexta hija de Luis y Celia, María Melania  
Teresa fue muy corta, desde el 16 de Agosto de 1870 hasta el 8 de Octubre
del mismo año.

Paulina, como su madre, desarrolló un gran nivel de energía para lograr hacer muchas cosas en poco tiempo. Ya desde
pequeña, Paulina exhibió las mismas condiciones saludables que su hermana mayor
María. Aunque Paulina sufrió un  
caso grave de tos ferina. Pero con muchas oraciones y su familia a su lado, la tos ferina pronto desapareció. Paulina
fue siempre muy cariñosa hacía su familia acompañando su cariño de una voz suave y angelical. Por puro instinto,  
ella les daba muchos besos a su familia, de forma constante, incluso mandando besos a las esculturas de Jesús y
Nuestra Señora.

Luis y Celia tomaron un interés especial en el desarrollo de la vida de cada uno
de sus hijos. En los primeros  momentos de la vida de Paulina, sus padres
corregían lo que hacía mal. Nunca le  permitieron a Paulina, salir impune si
hacía algo mal, incluso cuando era muy pequeña. Cuando tenía dos años, la
madre de Paulina trabajaba en sus episodios frecuentes de terquedad y
consiguió vencerlos.

Celia enseñó a
María y a Paulina como rezar a Dios. Cada mañana y cada noche,
su madre se arrodillaba con ellas, junto a sus camas, y juntas decían sus oraciones
a Dios.
María y Paulina cambiaban constantemente el orden de sus oraciones por
su padre y por su madre para no mostrar preferencia sobre ninguno de los dos.

Antes de que
María y Paulina se fuesen a la cama, sus padres les leían vidas de los
Santos. Ellos promovían, inculcaban y fomentaban en ellas el espíritu de Fe,
mostrándoles que las cosas que el mundo les ofrecía eran simplemente vanas. A                    
Carmel de Lisieux
veces, Celia llevaba a María y a Paulina a la Catedral a rezar delante del Sagrado                   
Sacramento. Antes de ir a la Catedral, Paulina corría a su habitación a ponerse  su
mejor vestido. Al ver a su madre, antes de salir, siempre le pedía que le limpiase
la cara.

Luis y Celia siempre les enfatizaban la importancia de que “Obedeciesen a través
del amor, que siempre intentasen hacer feliz a Jesús, y lo más importante, que                      
 Carmel de Lisieux
hiciesen pequeños sacrificios por Él.” (ML) Un pequeño ejemplo de
cómo Paulina hacía sacrificios  era cuando sus hermanas querían usar algo suyo. Su madre le decía que se lo cediese
para ganar otra perla para su Corona, cariñosamente, Paulina obedecía.

La educación de Paulina empezó en casa, hasta que llegó el momento de recibir una educación formal. Su madre
empezó los preparativos para que ella y
María atendiesen un internado, La Visitación en Le Mans.  Sor María Dositea,
la hermana de Celia, fue un elemento esencial a la hora de que las niñas fuesen admitidas en La Visitación. Al cabo de
los años, este Internado se hizo muy popular entre la élite de Francia, que enviaba allí a sus hijas. Era el sitio perfecto
para las hijas de los Martin, porque la Sor María-Dositea estaba allí para vigilarlas.

En Octubre de 1868, Luis, Celia,
María y Paulina fueron en tren a Le Mans. Previamente a esto, los Martin habían
llevado a
María y a Paulina a ver a su familia en Lisieux y también a ver a su tía en Le Mans. Pero esta vez fue
diferente, porque las dejaron en Le Mans para que empezasen su educación. La separación de la familia fue muy
difícil, tanto para las niñas como para sus padres. También la pérdida del abuelo de Paulina ocurrió el mismo año. Celia
escribía numerosas cartas a las niñas para animarlas a que lo hiciesen bien en el colegio así como para que mantuvieran
un nivel alto de Piedad.

El 19 de Julio de 1870, la guerra Franco-Prusiana empezó. Francia declaro la guerra a Prusia, y los Estados Bajos de
Alemania se unieron a la Federación Norte Alemana. El ejército francés se dio cuenta pronto de que la armada alemana  
era superior en combate. A medida que las batallas iban pasando, las ciudades francesas en el norte de Francia
empezaban a caer, dejando atrás cantidades masivas de heridos y muertos. Una vez que los alemanes avanzaron sobre
Le Mans, en la última parte de 1870, los padres de esa zona se apresuraron a recoger a sus hijas de la Visitación; Luis
y Celia no fueron una excepción. La madre de las niñas buscó diferentes formas de recuperarlas, pero la única opción
fue la de viajar por carretera a Le Mans, un viaje largo. Fue imposible el ir en tren porque el ejército francés lo utilizaba
para la guerra. Luis se fue por las peligrosas carreteras a buscar a sus hijas. Luis trajo a sus hijas sanas y salvas a casa
después de ver los destrozos de la guerra. Lamentablemente, Le Mans cayó el 11 de Enero de 1871. Los alemanes
convirtieron el Internado de la Visitación en una casa para los heridos, que en muchos casos, transmitían
enfermedades letales a los habitantes de la ciudad.

Después de la caída de Le Mans, Alencon no sería una excepción. Cayó también.  
A medida que el ejército alemán avanzaba hacía allí, Celia llevó a sus hijas al sótano
de la casa mientras las bombas caían cerca. Una vez que el humo se disipó y la
ciudad se rindió oficialmente, los alemanes forzaron a cada familia francesa a
hospedar a soldados alemanes. Los Martin alojaron a nueve soldados alemanes
en el piso de abajo de su casa durante la ocupación, que duró hasta el 10 de Mayo
de 1871.

Poco después de que la guerra acabase, las cosas empezaron a volver a la
normalidad para la familia Martin. Heredaron la casa que una vez había sido del
padre de Celia, Isidoro Sénior. La casa era mucho más grande que la que tenían
antes. Así que decidieron dejar su hogar en la calle Pont-Neuf y se mudaron a su
nueva casa en la calle Saint-Blaise.

El 2 de Enero de 1873,
María y Paulina estaban en casa por vacaciones y su
madre dio a luz a una hermana recién nacida. Al día siguiente, tuvieron la
oportunidad de conocerla,
Teresa.                                                                                    Carmel de Lisieux

Unos meses más tarde, María contrajo el Tifus y fue enviada a casa desde la Visitación. Como resultado de la
enfermedad de
María, Paulina fue obligada a quedarse en la Visitación durante las vacaciones de Semana Santa.
Emocionalmente, fue muy difícil para Paulina el quedarse allí mientras que sus hermanas
María y Teresa luchaban por
sus vidas.

Semanas después de Semana Santa,
María se recuperó  de su enfermedad y Teresa fue enviada a vivir con una
nodriza. Paulina fue en tren a Alencon y llego el domingo de Pentecostés. Ella describía así el ver su casa después de
un largo recorrido en tren: “Mi corazón casi se para cuando vi mi propia casa; creí que me desmayaba por la emoción
y tuve que para por un minuto para evitarlo.” (SF) Ella estaba  encantada por el hecho de ser capaz de ver a su
hermana
María y poder visitar a su otra hermana Teresa. Por una vez la familia al completo estaba junta por un tiempo.

Después de volver a la Visitación, Paulina continuó esforzándose por ser la mejor en todos sus estudios.
Eventualmente, ella sobrepasaba a la mayoría de sus compañeras de clase. Paulina entendió desde el principio lo que
les costaba a sus padres mantenerlas, a ella y a su hermana
María, en el Internado.  Así, solía utilizar sus talentos, con
toda su habilidad para ganar tantos premios como fuese posible. Sus profesoras la veían como alguien con mucho
talento, con delicadeza y reflexiva. Para la madre de Paulina, la Piedad era la virtud más importante, por encima de
todas las demás y la que todos sus hijos debían tener. Era su antídoto para los éxitos de Paulina en los estudios el
mantener su corazón humilde. La tía de Paulina se convirtió en su madre “sustituta” y la reprimía cuando se salía de la
línea. Se volvió muy sensible cuando otras estudiantes la amenazaban o atacaban. Celia también vio el corazón tierno
de Paulina y continuó animándola, en cartas, a superar los obstáculos. Celia les dijo a
María y a Paulina en una carta:”
Debéis servir a Dios fielmente, mis queridas niñas, y pedir ser, un día, en el nombre de esos Santos cuyas festividades
celebramos como familia”.

Paulina estudiaba su catecismo fervientemente, preparándose para la Primera Comunión. Quería hacer cada esfuerzo,
lleno de significado, para cuando fuese el  momento de consagrarse a Dios. El 2 de Julio de 1874, vestida en un bello
vestido blanco y velo, Paulina anduvo hacía el altar para recibir su Primera Comunión. Su familia la redó en la Capilla
de la Visitación en Le Mans mientras se consagraba a Dios.

Su madre mantuvo su propósito de que ella fuese más piadosa. Le recordó en una carta a Paulina: "Eres una buena
niña, muy cariñosa, muy sumisa, pero no lo bastante piadosa.” (ML) La tía de Paulina, La Sor María Dositea,
reafirmaba a Celia y le decía a Paulina que fuese piadosa. La madre de Paulina le refuerza su amor por ella al decir:
“Eres mi amiga de verdad. Me das coraje para enfrentarme a la vida con paciencia. Se siempre la alegría de otros
como lo has sido para mí. El Buen Dios te bendecirá no sólo en el otro mundo, pero también en este, porque Él es
siempre la mayor felicidad incluso en esta vida, quien siempre cumple su deber valientemente.” (CWe) Otro de los
objetivos de Celia para
María, Paulina y 1)Leonia es que se conviertan en Santas. La madre de Paulina les dice en una
carta dirigida a María:”Quiero que todas seáis Santas”.

La madre de Paulina también centra su energía en que Paulina mantenga su virginidad. Cuando  Paulina era mucho más
pequeña, su madre la ponía en sus rodillas y le decía: “Sólo las vírgenes pueden seguir el camino del Cordero sin
Mancha, Jesús, y ellas serán coronadas con rosas blancas mientras cantan una canción que otros no podrán oír.” (SF)
Paulina reafirmaba a su madre que ella se refrenaría de contraer matrimonio y siempre sería virgen por Jesús.

La vida religiosa que Luis y Celia querían para cada uno de sus hijos era que se consagrasen a Dios. Paulina fue la
primera de sus hijas en mostrar un interés por convertirse en monja. Su aspiración fue la de convertirse en monja de la
Visitación como su tía. La madre de Paulina, viendo las aspiraciones de su hija por entrar en la vida religiosa, empezó a
cultivar lentamente en su alma el deseo de lograrlo. Celia escribe una carta el 9 de Julio de 1876: “A pesar de mi deseo
de darlos todos a Dios, si  Él fuese a pedir estos dos sacrificios (
María y Paulina), yo haría lo mejor posible aunque
sufriese al cederlas.” (SF) Se sabía en la familia que Paulina se convertiría en monja. Y respecto a
Teresa, desde que
tenía dos años, no sabía lo que era una monja, pero quería seguir el ejemplo de Paulina. También quería ser monja.
Reflexionando sobre su infancia,
Teresa  le dice a Paulina acerca de entrar en la vida religiosa: “Fue tu ejemplo lo que
me llevo a ser la esposa de Vírgenes.” (SF)

La vida familiar en la casa de los Martin estaba llena con mucha excitación en toda su simplicidad. Se juntaban      
alrededor de un piano y cantaban canciones religiosas. Las niñas mostraban su competitividad en juegos de ajedrez.
Pero después de pasárselo bien en sus juegos,
María y Paulina se llevaban un libro fuera, como por ejemplo, El año
litúrgico de Dom Gueranger, que había sido un regalo de su padre a Paulina. Lo leían al resto de la familia antes de
retirarse para dormir y decir sus oraciones nocturnas. Cuando llegaba el momento  de celebrar una festividad del
Santoral, la familia hacía su pequeña celebración en honor del Santo. Por ejemplo, en el día de Santa Catalina, una tarta
era la comida favorita de Paulina para celebrar el evento.

Paulina desarrolló una pasión por la pintura, usando el ático como su estudio,
pintó varias acuarelas, que su padre enmarcó. Él colgó un par de ellas en el
Pabellón. Una de sus pinturas en el Pabellón era de un pez que Luis había una  
vez pescado. Cuando Luis se iba de viaje, le traía conchas, marfil o pergamino
para que ella pintase pequeñas miniaturas. Paulina también pasó tiempo
aprendiendo a coser y bordar.

Cuando la familia pasaba tiempo en el Pabellón, durante los meses de verano,
María, Paulina y Leonia recibían una pequeña porción de tierra para cultivar  y
plantar un jardín. Las chicas consiguieron hacer crecer varios tipos de vegetales
y flores con éxito. A ellas les gustaba especialmente recoger fresas. Mientras  
descansaban debajo de un árbol, cerca del agua y hacer un picnic.

Pronto, en Octubre de 1876, cambiaron las cosas a peor. Era el último año de
Paulina como estudiante en el Internado de la Visitación. Para Diciembre, era                     
sabido que su tía, La Sor María-Dositea, quien contrajo tuberculosis, estaba  
muy enferma.  Fue una experiencia desgarradora para Paulina el ver a su “madre
sustituta” sufrir tanto con esa enfermedad letal. Además, Paulina se entero que su
madre sufría cáncer de mama. En Enero de 1877, Celia fue a ver a su hermana
por última vez, y también, a consolar a Paulina. La madre de Paulina le dice: “Ten                   
Carmel de Lisieux
valor, mi querida Paulina, sea lo que sea lo que Dios nos envía, nos debemos rendir
a ello. Si pierdo a mi querida hermana, no lloraré por ella, sino por mí misma. Ella
será feliz; nosotros seremos quienes sufriremos. Pero este sufrimiento se suavizará
con la felicidad de ella.” (ML)

El 24 de Febrero de 1877, la santa tía de Paulina, la Sor María Dositea, expiró. La familia Martin llegó en tren a Le
Mans para presentar sus últimos respetos. Todos los niños vestían de negro por respeto a su tía. Su funeral fue
celebrado en la capilla de la Visitación y su cuerpo fue enterrado cerca.

Para cuando llegó el verano de 1877, el estado de salud de Celia empeoró y llegó al punto de que  sólo un milagro de
Dios podía salvarla. Previamente, ella estuvo buscando consejo de médicos para curarla de su cáncer, pero todos le
dijeron que era demasiado tarde para curarla. Ella decidió que se iría en peregrinaje a Lourdes. Paulina estaba
convencida de que ir a Lourdes era el milagro que estaban buscando. Pero su madre le reprimió diciendo: “Debemos
estar preparados para aceptar generosamente la voluntad de Dios, sea lo que sea.” (ML)

Sólo había un grupo de la ciudad de Angers, en el momento, haciendo planes para ir el 18 de Junio en peregrinaje a
Lourdes. Celia,
María y Leonia viajaron en tren unos días antes desde Alencon a Le Mans para recoger a Paulina y
entonces seguir viaje a Angers. Salieron de Angers el 18 de Junio con los otros peregrinos en tren hacía Lourdes.

En el tren desde Angers a Lourdes, una serie de calamidades ocurrieron. La primera paso cuando una cafetera llena se
derramo sobre su equipaje así como sobre su comida. El café se escurrió en el equipaje y manchó su ropa. La comida
que habían traído con ellas encontró el  mismo destino y tuvo que ser tirada a la basura. Tan pronto como el tren llegó
a Lourdes, la esperanza de la madre de Paulina era de ir directamente a los baños en cuanto bajasen del tren. Pero
primero tuvieron que dejar su equipaje en el hotel. Desconociendo el estado del hotel, cuando fueron a hacer sus
reservas, fue evidente, cuando llegaron, que no era adecuado para las cuatro mujeres. Así que se vieron forzadas a irse
y buscar refugio en otro sitio.

Cada día, tuvieron que enfrentarse a una nueva desgracia, desde la pérdida del rosario de su tía hasta la luxación en el
cuello que sufrió su madre. Estos problemas iban minando sus expectativas de que el peregrinaje fuese fructífero.
Mientras Paulina y sus hermanas veían como su madre, día tras día, siendo sumergida en las aguas heladas de
Lourdes, fue obvio que no iba a ser la cura del cáncer de su madre. Con gran pena, cogieron el tren para casa el 22 de
Junio, sin una cura a mano. Primero viajaron a Le Mans para dejar a Paulina en el Internado de la Visitación y después
viajaron a Alencon. Paulina se alteró mucho sobre el hecho de que su “mejor amiga” fuese a morir.

Tan pronto como la madre de Paulina llegó a casa, cambió inmediatamente su objetivo de curarse a prepararse para
morir. Inmediatamente, Celia escribió una carta a su hija Paulina para aliviar su pena sobre su próxima muerte. Su
madre le escribió: “¿Sigues enfadada aún con nuestra Bendita Madre porque no te hizo bailar de la alegría?... No
busques mucha alegría en la tierra, porque si lo haces, te sentirás decepcionada. Y por mí, sé por experiencia hasta
donde confiar en las alegrías de la tierra. Si no viví sólo, por las alegrías del Cielo, sería una miserable ciertamente.”
(CWe)

El 1 de Agosto de 1877. Paulina completó sus estudios en el Internado de la Visitación. La celebración y los premios
que ella recibió fueron de alguna forma agridulces. Estaba dejando atrás sus queridas memorias de su “madre
sustituta” que había muerto meses antes. También fue duro decir adiós a sus amigas de la infancia y volver a casa para
ayudar a su madre a morir.

Cuando Paulina volvió a casa asistió a
María en la preparación de Leonia, Celina y Teresa en sus estudios. Era una
gran preocupación para su madre que todas sus hijas fuesen educadas adecuadamente. Ella delegó esta tarea en
María
y Paulina. Dándose cuenta de que su madre nunca vería al resto de sus hijas completar su educación, María y Paulina
pusieron en marcha una ceremonia de premios para ella. Era una forma de celebrar con su madre la finalización de los
estudios de sus hijas en el futuro.

Después de mandar a
Celina y a Teresa a la casa de una vecina durante el día. Paulina pasaba el tiempo junto a su
madre, que estaba en cama, intentando aliviarle el dolor. Su madre la mira después de que Paulina le bese la mano y le
contesta con una mirada amorosa: “¡Pobre  pequeña alma! ¡Menudas vacaciones para ti! Y yo que estaba toda
contenta de tenerte en casa de vuelta para siempre. Oh, mi Paulina, tu eres mi tesoro. Sé bien que un día serás monja.”
(SF)

Cuando el final de Agosto llegó, el dolor físico de Celia por el cáncer se extendió a todo el cuerpo. El dolor se convirtió
en insoportable, de manera que le resultaba imposible incluso el moverse unos centímetros sin llorar a Dios. Como
Paulina se sentaba al lado de su madre, su madre le cogió la mano, se la besó y con ella apuntó hacía sus hermanas.
Celia le señalaba que estaba pasándole toda su responsabilidad materna a ella. Cuando cayó la noche del 28 de Agosto,
Paulina acompañó a sus hermanas,
Celina y Teresa, a su habitación para irse a la cama. La dolorosa marcha de Celia
de este mundo sería cerca de esa medianoche. Justo después de que el alma de Celia subiese al cielo, el tío de Paulina,
Isidoro fufe a la parte de atrás de la casa y desde fuera llamó a la ventana de la habitación de Paulina. Respondiendo a
la llamada de su tío, él le dijo en voz baja que su madre acababa de morir. Paulina decidió no despertar a sus hermanas
pequeñas y espero hasta la mañana siguiente para contárselo.

El 29 de Agosto de 1877, la familia acompañó al cuerpo de su madre a la Catedral y después al cementerio de Norte
Dame (de Nuestra Señora) en Alencon. La doncella de la familia los vio y les mostró su simpatía por el sufrimiento de
su madre. Ella les dijo: “Pobres niñitas, no tenéis madre.” (SF)
Teresa saltó entonces a los brazos de Paulina y le dijo
que ella sería su madre.

Días después de la muerte de su madre,
Celina se acercó a Paulina y le preguntó si su madre le había dado alguna señal
de que su alma iba al Cielo. Paulina le dijo a
Celina que ella había soñado que un  ángel escribía en la arena: “Benditos
son aquellos que lloran la muerte de alguien, porque ellos serán consolados.” (ML) Esto era una confirmación para
Paulina de que el alma de su madre estaba en el Cielo.

Antes de morir Celia, ella le sugirió a Luis, que debería considerar el mudarse a Lisieux para estar más cerca de la
familia de ella. Así, Luis y las niñas centrarían sus intereses en Lisieux donde estarían más cerca de sus primos. El
padre de Paulina lo discutió con ella y con
María. Y accedió a mudarse para cumplir el deseo de sus hijas de buscar un
nuevo escenario. Después de buscar mucho, su tío encontró un lugar donde vivir. La familia  llamó a su nueva casa:
“Les Buissonnets”. Fue emocionalmente difícil para todos ellos el dejar atrás a sus amigos y vecinos. Había muchos
recuerdos en su casa que dejaban atrás. Uno de los cuales era la muerte de su madre.

El 15 de Noviembre de 1877, la familia dijo adiós a la tumba de su madre antes de irse de Alencon. Lisieux era una
ciudad pequeña con apenas 16.000 habitantes. Tenía el mismo carácter que una ciudad pequeña, lo cual era perfecto
para que las hijas de los Martin creciesen. La famosa Catedral de San Pedro de Lisieux estaba en el centro de la ciudad
donde había también muchas pequeñas tiendas y los edificios gubernamentales. “Les Buissonnets” estaba localizado en
una colina en el límite exterior de la ciudad. Su nuevo hogar estaba acompañado de un gran jardín lleno de árboles y
arbustos. Pero desgraciadamente su casa carecía de muchas comodidades como por ejemplo la plomería y la
electricidad.

La vida familiar volvió a la rutina después de establecer su nueva residencia. Cada mañana, Luis,
María y Paulina
atendían Misa en la Catedral. Paulina, así como sus hermanas, formaban parte de una organización religiosa llamada
“Los niños de María” que promovía la adoración del Sagrado Sacramento. Cada semana, Paulina dedicaba dos días a
rezar delante del Sagrado Sacramento como parte de los requisitos de su organización.

Paulina continuó pintando sus miniaturas y retratos que eran admirados por su familia por su gran detalle. Paulina
también era muy buena cosiendo. Tomó sobre sus hombros la tarea de hacer un alba para el Padre Ducellier, quien era
su director espiritual en ese momento. Bordó con fino encaje de Guipur. Después de recibir su alba nuevo, Padre
Ducellier fue a casa de los Martin a agradecer personalmente a Pauline por su regalo.

Había veces que Paulina tenía que vigilar de cerca a su padre cuando leía algunos libros religiosos. Louis se sentía      
iluminado por un libro religioso que le inspiraba a practicar la mortificación. Algunas de estas mortificaciones eran
demasiado duras para su delicada salud y Paulina tuvo que intervenir y quitarle el libro de forma estratégica.



Escrito cerca:: R. Hann
Traducido cerca Yolanda y familia


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