El 7 de Septiembre de 1861, María Paulina Martin vino al mundo con su bonito pelo
castaño y ojos marrones en casa de sus padres en la calle Pont-Neuf en Alencon, Francia.
En el nacimiento de cada uno de sus hijos, Celia rezaba: “Señor, dale Gracia a este niño
para que se consagre a Ti, y que nada dañe la pureza de su alma. Si se perdiese, preferiría
que lo llevases Contigo sin demora.” (ML) La pequeña Paulina se parecía mucho a su
madre, tanto en personalidad como en apariencia. Se convirtió el  segundo hijo de Luis
y Celia Martin. Luis y Celia distinguieron a cada uno de sus hijos dándoles como primer
nombre María en honor de Nuestra Señora y les distinguieron llamándolos José en honor de
San José. El segundo nombre de los niños era dado con los nombres de sus padrinos.
El padrino de Paulina era su tío Isidoro Guérin y su madrina fue Paulina Romet, una amiga
cercana de Alencon. El bendito día llegó el 8 de Septiembre de 1861, cuando Paulina fue
llevada en brazos de su madre a la Catedral de San Pedro de Montsort y bautizada  por el
Padre Lebouc.

Cada mañana la madre de Paulina tenía el hábito de ir a Misa por la mañana. Antes de
atender Misa encendía una vela y rezaba reverentemente ante la figura de Nuestra
Señora. Modesta de corazón, Celia pedía a Nuestra Señora por cada uno de sus hijos,
los que Dios les había otorgado a ella y a su marido, para que un día se convirtieran en
Santos. También pedía a Nuestra Señora que sus hijos fuesen más reverentes hacía Dios
de lo que ella era.

Tristemente, cuatro de los hijos de los Martin nunca llegaron a ser adultos. Celia dio a luz a su cuarto hijo el 13 de Octubre de 1864,
María E
lena que murió el 22 de Febrero de 1870, a la edad de cinco años. Luis y Celia recibieron la bendición de tener otro hijo  el 20
de Septiembre de 1866, su primer hijo varón, José Luis Martin. Tristemente él también murió un año más tarde, el 14 de Febrero de
1867. El 19 de Diciembre de 1867, su segundo hijo varón nació, José Ju
an Bautista, y Paulina en particular estaba muy excitada con
este nacimiento. Sus padres Luis y Celia dieron a Paulina el honor de ser la madrina del bebé. De todas formas, él también murió el 25
de Agosto de 1868. La vida de la sexta hija de Luis y Celia, María Melania  
Teresa fue muy corta, desde el 16 de Agosto de 1870 hasta
el 8 de Octubre del mismo año.

Paulina, como su madre, desarrolló un gran nivel de energía para lograr hacer muchas cosas en poco tiempo. Ya desde pequeña,
Paulina exhibió las mismas condiciones saludables que su hermana mayor
María. Aunque Paulina sufrió un  caso grave de tos ferina.
Pero con muchas oraciones y su familia a su lado, la tos ferina pronto desapareció. Paulina fue siempre muy cariñosa hacía su familia
acompañando su cariño de una voz suave y angelical. Por puro instinto,  ella les daba muchos besos a su familia, de forma constante,
incluso mandando besos a las esculturas de Jesús y Nuestra Señora.

Luis y Celia tomaron un interés especial en el desarrollo de la vida de cada uno de sus hijos. En los primeros momentos de la vida de
Paulina, sus padres corregían lo que hacía mal. Nunca le  permitieron a Paulina, salir impune si hacía algo mal, incluso cuando era muy
pequeña. Cuando tenía dos años, la madre de Paulina trabajaba en sus episodios frecuentes de terquedad y consiguió vencerlos.

Celia enseñó a
María y a Paulina como rezar a Dios. Cada mañana y cada noche, su madre se arrodillaba con ellas, junto a sus camas,
y juntas decían sus oraciones a Dios.
María y Paulina cambiaban constantemente el orden de sus oraciones por su padre y por su
madre para no mostrar preferencia sobre ninguno de los dos.

Antes de que
María y Paulina se fuesen a la cama, sus padres les leían vidas de los Santos. Ellos promovían, inculcaban y fomentaban
en ellas el espíritu de Fe, mostrándoles que las cosas que el mundo les ofrecía eran simplemente vanas. A veces, Celia llevaba a
María
y a Paulina a la Catedral a rezar delante del Sagrado Sacramento. Antes de ir a la Catedral, Paulina corría a su habitación a ponerse  su
mejor vestido. Al ver a su madre, antes de salir, siempre le pedía que le limpiase la cara.

Luis y Celia siempre les enfatizaban la importancia de que “Obedeciesen a través del amor, que siempre intentasen hacer feliz a Jesús,
y lo más importante, que hiciesen pequeños sacrificios por Él.” (ML) Un pequeño ejemplo de cómo Paulina hacía sacrificios  era
cuando sus hermanas querían usar algo suyo. Su madre le decía que se lo cediese para ganar otra perla para su Corona,
cariñosamente, Paulina obedecía.

La educación de Paulina empezó en casa, hasta que llegó el momento de recibir una educación formal. Su madre empezó los
preparativos para que ella y
María atendiesen un internado, La Visitación en Le Mans.  Sor María Dositea, la hermana de Celia, fue un
elemento esencial a la hora de que las niñas fuesen admitidas en La Visitación. Al cabo de los años, este Internado se hizo muy popular
entre la élite de Francia, que enviaba allí a sus hijas. Era el sitio perfecto para las hijas de los Martin, porque la Sor María-Dositea
estaba allí para vigilarlas.

En Octubre de 1868, Luis, Celia,
María y Paulina fueron en tren a Le Mans. Previamente a esto, los Martin habían llevado a María y a
Paulina a ver a su familia en Lisieux y también a ver a su tía en Le Mans. Pero esta vez fue diferente, porque las dejaron en Le Mans
para que empezasen su educación. La separación de la familia fue muy difícil, tanto para las niñas como para sus padres. También la
pérdida del abuelo de Paulina ocurrió el mismo año. Celia escribía numerosas cartas a las niñas para animarlas a que lo hiciesen bien en
el colegio así como para que mantuvieran un nivel alto de Piedad.

El 19 de Julio de 1870, la guerra Franco-Prusiana empezó. Francia declaro la guerra a Prusia, y los Estados Bajos de Alemania se
unieron a la Federación Norte Alemana. El ejército francés se dio cuenta pronto de que la armada alemana  era superior en combate. A
medida que las batallas iban pasando, las ciudades francesas en el norte de Francia empezaban a caer, dejando atrás cantidades
masivas de heridos y muertos. Una vez que los alemanes avanzaron sobre Le Mans, en la última parte de 1870, los padres de esa zona
se apresuraron a recoger a sus hijas de la Visitación; Luis y Celia no fueron una excepción. La madre de las niñas buscó diferentes
formas de recuperarlas, pero la única opción fue la de viajar por carretera a Le Mans, un viaje largo. Fue imposible el ir en tren porque
el ejército francés lo utilizaba para la guerra. Luis se fue por las peligrosas carreteras a buscar a sus hijas. Luis trajo a sus hijas sanas y
salvas a casa después de ver los destrozos de la guerra. Lamentablemente, Le Mans cayó el 11 de Enero de 1871. Los alemanes
convirtieron el Internado de la Visitación en una casa para los heridos, que en muchos casos, transmitían enfermedades letales a los
habitantes de la ciudad.

Después de la caída de Le Mans, Alencon no sería una excepción. Cayó también.  A medida que el ejército alemán avanzaba hacía allí,
Celia llevó a sus hijas al sótano de la casa mientras las bombas caían cerca. Una vez que el humo se disipó y la ciudad se rindió
oficialmente, los alemanes forzaron a cada familia francesa a hospedar a soldados alemanes. Los Martin alojaron a nueve soldados
alemanes en el piso de abajo de su casa durante la ocupación, que duró hasta el 10 de Mayo de 1871.

Poco después de que la guerra acabase, las cosas empezaron a volver a la normalidad para la familia Martin. Heredaron la casa que una
vez había sido del padre de Celia, Isidoro Sénior. La casa era mucho más grande que la que tenían antes. Así que decidieron dejar su
hogar en la calle Pont-Neuf y se mudaron a su nueva casa en la calle Saint-Blaise.

El 2 de Enero de 1873,
María y Paulina estaban en casa por vacaciones y su madre dio a luz a una hermana recién nacida. Al día
siguiente, tuvieron la oportunidad de conocerla,
Teresa.

Unos meses más tarde,
María contrajo el Tifus y fue enviada a casa desde la Visitación. Como resultado de la enfermedad de María,
Paulina fue obligada a quedarse en la Visitación durante las vacaciones de Semana Santa. Emocionalmente, fue muy difícil para Paulina
el quedarse allí mientras que sus hermanas
María y Teresa luchaban por sus vidas.

Semanas después de Semana Santa,
María se recuperó  de su enfermedad y Teresa fue enviada a vivir con una nodriza. Paulina fue en
tren a Alencon y llego el domingo de Pentecostés. Ella describía así el ver su casa después de un largo recorrido en tren: “Mi corazón
casi se para cuando vi mi propia casa; creí que me desmayaba por la emoción y tuve que para por un minuto para evitarlo.” (SF) Ella
estaba  encantada por el hecho de ser capaz de ver a su hermana
María y poder visitar a su otra hermana Teresa. Por una vez la
familia al completo estaba junta por un tiempo.

Después de volver a la Visitación, Paulina continuó esforzándose por ser la mejor en todos sus estudios. Eventualmente, ella
sobrepasaba a la mayoría de sus compañeras de clase. Paulina entendió desde el principio lo que les costaba a sus padres mantenerlas,
a ella y a su hermana
María, en el Internado.  Así, solía utilizar sus talentos, con toda su habilidad para ganar tantos premios como
fuese posible. Sus profesoras la veían como alguien con mucho talento, con delicadeza y reflexiva. Para la madre de Paulina, la Piedad
era la virtud más importante, por encima de todas las demás y la que todos sus hijos debían tener. Era su antídoto para los éxitos de
Paulina en los estudios el mantener su corazón humilde. La tía de Paulina se convirtió en su madre “sustituta” y la reprimía cuando se
salía de la línea. Se volvió muy sensible cuando otras estudiantes la amenazaban o atacaban. Celia también vio el corazón tierno de
Paulina y continuó animándola, en cartas, a superar los obstáculos. Celia les dijo a
María y a Paulina en una carta:” Debéis servir a
Dios fielmente, mis queridas niñas, y pedir ser, un día, en el nombre de esos Santos cuyas festividades celebramos como familia”.

Paulina estudiaba su catecismo fervientemente, preparándose para la Primera Comunión. Quería hacer cada esfuerzo, lleno de
significado, para cuando fuese el  momento de consagrarse a Dios. El 2 de Julio de 1874, vestida en un bello vestido blanco y velo,
Paulina anduvo hacía el altar para recibir su Primera Comunión. Su familia la redó en la Capilla de la Visitación en Le Mans mientras se
consagraba a Dios.

Su madre mantuvo su propósito de que ella fuese más piadosa. Le recordó en una carta a Paulina: "Eres una buena niña, muy cariñosa,
muy sumisa, pero no lo bastante piadosa.” (ML) La tía de Paulina, La Sor María Dositea, reafirmaba a Celia y le decía a Paulina que
fuese piadosa. La madre de Paulina le refuerza su amor por ella al decir: “Eres mi amiga de verdad. Me das coraje para enfrentarme a
la vida con paciencia. Se siempre la alegría de otros como lo has sido para mí. El Buen Dios te bendecirá no sólo en el otro mundo,
pero también en este, porque Él es siempre la mayor felicidad incluso en esta vida, quien siempre cumple su deber valientemente.”
(CWe) Otro de los objetivos de Celia para
María, Paulina y 1)Leonia es que se conviertan en Santas. La madre de Paulina les dice en
una carta dirigida a María:”Quiero que todas seáis Santas”.

La madre de Paulina también centra su energía en que Paulina mantenga su virginidad. Cuando  Paulina era mucho más pequeña, su
madre la ponía en sus rodillas y le decía: “Sólo las vírgenes pueden seguir el camino del Cordero sin Mancha, Jesús, y ellas serán
coronadas con rosas blancas mientras cantan una canción que otros no podrán oír.” (SF) Paulina reafirmaba a su madre que ella se
refrenaría de contraer matrimonio y siempre sería virgen por Jesús.

La vida religiosa que Luis y Celia querían para cada uno de sus hijos era que se consagrasen a Dios. Paulina fue la primera de sus hijas
en mostrar un interés por convertirse en monja. Su aspiración fue la de convertirse en monja de la Visitación como su tía. La madre de
Paulina, viendo las aspiraciones de su hija por entrar en la vida religiosa, empezó a cultivar lentamente en su alma el deseo de lograrlo.
Celia escribe una carta el 9 de Julio de 1876: “A pesar de mi deseo de darlos todos a Dios, si  Él fuese a pedir estos dos sacrificios
(
María y Paulina), yo haría lo mejor posible aunque sufriese al cederlas.” (SF) Se sabía en la familia que Paulina se convertiría en
monja. Y respecto a
Teresa, desde que tenía dos años, no sabía lo que era una monja, pero quería seguir el ejemplo de Paulina.
También quería ser monja. Reflexionando sobre su infancia,
Teresa  le dice a Paulina acerca de entrar en la vida religiosa: “Fue tu
ejemplo lo que me llevo a ser la esposa de Vírgenes.” (SF)

La vida familiar en la casa de los Martin estaba llena con mucha excitación en toda su simplicidad. Se juntaban alrededor de un piano y
cantaban canciones religiosas. Las niñas mostraban su competitividad en juegos de ajedrez. Pero después de pasárselo bien en sus
juegos,
María y Paulina se llevaban un libro fuera, como por ejemplo, El año litúrgico de Dom Gueranger, que había sido un regalo de
su padre a Paulina. Lo leían al resto de la familia antes de retirarse para dormir y decir sus oraciones nocturnas. Cuando llegaba el
momento  de celebrar una festividad del Santoral, la familia hacía su pequeña celebración en honor del Santo. Por ejemplo, en el día de
Santa Catalina, una tarta era la comida favorita de Paulina para celebrar el evento.

Paulina desarrolló una pasión por la pintura, usando el ático como su estudio, pintó varias acuarelas, que su padre enmarcó. Él colgó
un par de ellas en el Pabellón. Una de sus pinturas en el Pabellón era de un pez que Luis había una vez pescado. Cuando Luis se iba de
viaje, le traía conchas, marfil o pergamino para que ella pintase pequeñas miniaturas. Paulina también pasó tiempo aprendiendo a coser
y bordar.

Cuando la familia pasaba tiempo en el Pabellón, durante los meses de verano,
María, Paulina y Leonia recibían una pequeña porción de
tierra para cultivar  y plantar un jardín. Las chicas consiguieron hacer crecer varios tipos de vegetales y flores con éxito. A ellas les
gustaba especialmente recoger fresas. Mientras  descansaban debajo de un árbol, cerca del agua y hacer un picnic.
.
Pronto, en Octubre de 1876, cambiaron las cosas a peor. Era el último año de Paulina como estudiante en el Internado de la Visitación.
Para Diciembre, era sabido que su tía, La Sor María-Dositea, quien contrajo tuberculosis, estaba  muy enferma.  Fue una experiencia
desgarradora para Paulina el ver a su “madre sustituta” sufrir tanto con esa enfermedad letal. Además, Paulina se entero que su madre
sufría cáncer de mama. En Enero de 1877, Celia fue a ver a su hermana por última vez, y también, a consolar a Paulina. La madre de
Paulina le dice: “Ten valor, mi querida Paulina, sea lo que sea lo que Dios nos envía, nos debemos rendir a ello. Si pierdo a mi querida
hermana, no lloraré por ella, sino por mí misma. Ella será feliz; nosotros seremos quienes sufriremos. Pero este sufrimiento se
suavizará con la felicidad de ella.” (ML)

El 24 de Febrero de 1877, la santa tía de Paulina, la Sor María Dositea, expiró. La familia Martin llegó en tren a Le Mans para presentar
sus últimos respetos. Todos los niños vestían de negro por respeto a su tía. Su funeral fue celebrado en la capilla de la Visitación y su
cuerpo fue enterrado cerca.

Para cuando llegó el verano de 1877, el estado de salud de Celia empeoró y llegó al punto de que  sólo un milagro de Dios podía
salvarla. Previamente, ella estuvo buscando consejo de médicos para curarla de su cáncer, pero todos le dijeron que era demasiado
tarde para curarla. Ella decidió que se iría en peregrinaje a Lourdes. Paulina estaba convencida de que ir a Lourdes era el milagro que
estaban buscando. Pero su madre le reprimió diciendo: “Debemos estar preparados para aceptar generosamente la voluntad de Dios,
sea lo que sea.” (ML)

Sólo había un grupo de la ciudad de Angers, en el momento, haciendo planes para ir el 18 de Junio en peregrinaje a Lourdes. Celia,
María y Leonia viajaron en tren unos días antes desde Alencon a Le Mans para recoger a Paulina y entonces seguir viaje a Angers.
Salieron de Angers el 18 de Junio con los otros peregrinos en tren hacía Lourdes.

En el tren desde Angers a Lourdes, una serie de calamidades ocurrieron. La primera paso cuando una cafetera llena se derramo sobre
su equipaje así como sobre su comida. El café se escurrió en el equipaje y manchó su ropa. La comida que habían traído con ellas
encontró el  mismo destino y tuvo que ser tirada a la basura. Tan pronto como el tren llegó a Lourdes, la esperanza de la madre de
Paulina era de ir directamente a los baños en cuanto bajasen del tren. Pero primero tuvieron que dejar su equipaje en el hotel.
Desconociendo el estado del hotel, cuando fueron a hacer sus reservas, fue evidente, cuando llegaron, que no era adecuado para las
cuatro mujeres. Así que se vieron forzadas a irse y buscar refugio en otro sitio.

Cada día, tuvieron que enfrentarse a una nueva desgracia, desde la pérdida del rosario de su tía hasta la luxación en el cuello que sufrió
su madre. Estos problemas iban minando sus expectativas de que el peregrinaje fuese fructífero. Mientras Paulina y sus hermanas
veían como su madre, día tras día, siendo sumergida en las aguas heladas de Lourdes, fue obvio que no iba a ser la cura del cáncer de
su madre. Con gran pena, cogieron el tren para casa el 22 de Junio, sin una cura a mano. Primero viajaron a Le Mans para dejar a
Paulina en el Internado de la Visitación y después viajaron a Alencon. Paulina se alteró mucho sobre el hecho de que su “mejor amiga”
fuese a morir.

Tan pronto como la madre de Paulina llegó a casa, cambió inmediatamente su objetivo de curarse a prepararse para morir.
Inmediatamente, Celia escribió una carta a su hija Paulina para aliviar su pena sobre su próxima muerte. Su madre le escribió: “¿Sigues
enfadada aún con nuestra Bendita Madre porque no te hizo bailar de la alegría?... No busques mucha alegría en la tierra, porque si lo
haces, te sentirás decepcionada. Y por mí, sé por experiencia hasta donde confiar en las alegrías de la tierra. Si no viví sólo, por las
alegrías del Cielo, sería una miserable ciertamente.” (CWe)

El 1 de Agosto de 1877. Paulina completó sus estudios en el Internado de la Visitación. La celebración y los premios que ella recibió
fueron de alguna forma agridulces. Estaba dejando atrás sus queridas memorias de su “madre sustituta” que había muerto meses
antes. También fue duro decir adiós a sus amigas de la infancia y volver a casa para ayudar a su madre a morir.

Cuando Paulina volvió a casa asistió a
María en la preparación de Leonia, Celina y Teresa en sus estudios. Era una gran preocupación
para su madre que todas sus hijas fuesen educadas adecuadamente. Ella delegó esta tarea en
María y Paulina. Dándose cuenta de que
su madre nunca vería al resto de sus hijas completar su educación,
María y Paulina pusieron en marcha una ceremonia de premios
para ella. Era una forma de celebrar con su madre la finalización de los estudios de sus hijas en el futuro.

Después de mandar a
Celina y a Teresa a la casa de una vecina durante el día. Paulina pasaba el tiempo junto a su madre, que estaba en
cama, intentando aliviarle el dolor. Su madre la mira después de que Paulina le bese la mano y le contesta con una mirada amorosa:
“¡Pobre  pequeña alma! ¡Menudas vacaciones para ti! Y yo que estaba toda contenta de tenerte en casa de vuelta para siempre. Oh, mi
Paulina, tu eres mi tesoro. Sé bien que un día serás monja.” (SF)

Cuando el final de Agosto llegó, el dolor físico de Celia por el cáncer se extendió a todo el cuerpo. El dolor se convirtió en
insoportable, de manera que le resultaba imposible incluso el moverse unos centímetros sin llorar a Dios. Como Paulina se sentaba al
lado de su madre, su madre le cogió la mano, se la besó y con ella apuntó hacía sus hermanas. Celia le señalaba que estaba pasándole
toda su responsabilidad materna a ella. Cuando cayó la noche del 28 de Agosto, Paulina acompañó a sus hermanas,
Celina y Teresa, a
su habitación para irse a la cama. La dolorosa marcha de Celia de este mundo sería cerca de esa medianoche. Justo después de que el
alma de Celia subiese al cielo, el tío de Paulina, Isidoro fufe a la parte de atrás de la casa y desde fuera llamó a la ventana de la
habitación de Paulina. Respondiendo a la llamada de su tío, él le dijo en voz baja que su madre acababa de morir. Paulina decidió no
despertar a sus hermanas pequeñas y espero hasta la mañana siguiente para contárselo.

El 29 de Agosto de 1877, la familia acompañó al cuerpo de su madre a la Catedral y después al cementerio de Norte Dame (de Nuestra
Señora) en Alencon. La doncella de la familia los vio y les mostró su simpatía por el sufrimiento de su madre. Ella les dijo: “Pobres
niñitas, no tenéis madre.” (SF)
Teresa saltó entonces a los brazos de Paulina y le dijo que ella sería su madre.

Días después de la muerte de su madre,
Celina se acercó a Paulina y le preguntó si su madre le había dado alguna señal de que su alma
iba al Cielo. Paulina le dijo a
Celina que ella había soñado que un  ángel escribía en la arena: “Benditos son aquellos que lloran la muerte
de alguien, porque ellos serán consolados.” (ML) Esto era una confirmación para Paulina de que el alma de su madre estaba en el Cielo.

Antes de morir Celia, ella le sugirió a Luis, que debería considerar el mudarse a Lisieux para estar más cerca de la familia de ella. Así,
Luis y las niñas centrarían sus intereses en Lisieux donde estarían más cerca de sus primos. El padre de Paulina lo discutió con ella y
con
María. Y accedió a mudarse para cumplir el deseo de sus hijas de buscar un nuevo escenario. Después de buscar mucho, su tío
encontró un lugar donde vivir. La familia  llamó a su nueva casa: “Les Buissonnets”. Fue emocionalmente difícil para todos ellos el
dejar atrás a sus amigos y vecinos. Había muchos recuerdos en su casa que dejaban atrás. Uno de los cuales era la muerte de su
madre.

El 15 de Noviembre de 1877, la familia dijo adiós a la tumba de su madre antes de irse de Alencon. Lisieux era una ciudad pequeña con
apenas 16.000 habitantes. Tenía el mismo carácter que una ciudad pequeña, lo cual era perfecto para que las hijas de los Martin
creciesen. La famosa Catedral de San Pedro de Lisieux estaba en el centro de la ciudad donde había también muchas pequeñas tiendas
y los edificios gubernamentales. “Les Buissonnets” estaba localizado en una colina en el límite exterior de la ciudad. Su nuevo hogar
estaba acompañado de un gran jardín lleno de árboles y arbustos. Pero desgraciadamente su casa carecía de muchas comodidades
como por ejemplo la plomería y la electricidad.

La vida familiar volvió a la rutina después de establecer su nueva residencia. Cada mañana, Luis,
María y Paulina atendían Misa en la
Catedral. Paulina, así como sus hermanas, formaban parte de una organización religiosa llamada “Los niños de María” que promovía la
adoración del Sagrado Sacramento. Cada semana, Paulina dedicaba dos días a rezar delante del Sagrado Sacramento como parte de los
requisitos de su organización.

Paulina continuó pintando sus miniaturas y retratos que eran admirados por su familia por su gran detalle. Paulina también era muy
buena cosiendo. Tomó sobre sus hombros la tarea de hacer un alba para el Padre Ducellier, quien era su director espiritual en ese
momento. Bordó con fino encaje de Guipur. Después de recibir su alba nuevo, Padre Ducellier fue a casa de los Martin a agradecer
personalmente a Pauline por su regalo.

Había veces que Paulina tenía que vigilar de cerca a su padre cuando leía algunos libros religiosos. Louis se sentía iluminado por un
libro religioso que le inspiraba a practicar la mortificación. Algunas de estas mortificaciones eran demasiado duras para su delicada
salud y Paulina tuvo que intervenir y quitarle el libro de forma estratégica.

















Escrito cerca:: R. Hann
Traducido cerca Yolanda y familia







Bibliografía

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New York: Sheed & Ward, 1949.
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Martin, Celine. My Sister St.Thérèse Trans: The Carmelite Sisters of New York. (MST)
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Helmuth Nils Loose, Pierre Descouvemont. Thérèse and Lisieux (TOL)
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Gibbons, James Cardinal. Holy Bible (Douay-Rheims) 1899 Edition. (B)
Baronius Press Unlimited, London, United Kingdom, 2005
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